Buda: de príncipe a fundador del budismo
El budismo es una religión que no gira en torno a un dios creador, sino que busca la liberación del ser humano del sufrimiento. Su objetivo final es alcanzar el nirvana, un estado definitivo de paz que significa el cese del dolor y de los deseos.
Estas enseñanzas fueron predicadas en el siglo VI a. C. por un príncipe indio llamado Siddhartha Gautama, más conocido como Buda, término que significa «el despierto» o «el iluminado».
En la actualidad, el budismo cuenta con cientos de millones de seguidores y es una de las religiones más importantes del mundo.
Una vida entre la historia y el mito
Hablar de la vida de Buda implica enfrentarse a una dificultad habitual en la historia antigua: la mezcla entre hechos históricos, leyendas y tradiciones religiosas.
La tradición budista no mostró gran interés por narrar con precisión la vida mundana de su fundador. En cambio, se centró en aquellos acontecimientos que podían transmitir enseñanzas espirituales.
Por ello, tampoco existe un acuerdo absoluto sobre las fechas en que vivió. Las estimaciones más extendidas sitúan su nacimiento entre 566 y 563 a. C., mientras que su muerte habría ocurrido entre 486 y 483 a. C.
Sin embargo, algunos estudios arqueológicos recientes han propuesto fechas más tardías, situando su fallecimiento entre 420 y 380 a. C..
El nacimiento de Siddhartha Gautama
Según la tradición, Buda fue la última reencarnación de una larga serie de vidas anteriores en las que había destacado por sus virtudes.
Antes de nacer como Siddhartha, habría sido el príncipe Vishvantara, considerado un modelo perfecto de generosidad. Tras su muerte, los dioses pidieron que eligiera a la mujer más virtuosa para convertirse en su madre.
La elegida fue Mahamaya, esposa del rey Shuddhodana, gobernante de un pequeño estado situado en las estribaciones del Himalaya llamado Sakia, cuya capital era Kapilavastu.
El nacimiento tuvo lugar en Lumbini, en un bosquecillo cercano a la ciudad, situado en el actual Nepal. La tradición describe el parto como extraordinario y afirma que el niño nació sin causar dolor a su madre.
Pocos días después del nacimiento, Mahamaya murió, por lo que el pequeño fue criado por una de sus tías maternas, Mahaprajapati Gotami.
De los placeres al sufrimiento
El niño recibió el nombre de Siddhartha, que significa «el que logra su propósito».
El rey Shuddhodana presentó al recién nacido ante varios sabios brahmanes para que interpretaran su destino. La mayoría coincidió en que el niño estaba destinado a convertirse en un gran monarca o en un maestro espiritual.
Temiendo que su hijo eligiera la vida religiosa, el rey decidió criarlo rodeado de lujo y placer. Para ello mandó construir tres palacios, destinados a cada estación del año: verano, invierno y época de lluvias.
Además, ordenó que Siddhartha no tuviera contacto con el sufrimiento humano. Enfermedad, pobreza, vejez y muerte debían permanecer ocultos para que el príncipe no sintiera interés por abandonar la vida palaciega.
Durante años, esta estrategia pareció funcionar. Siddhartha creció sin mayores preocupaciones que disfrutar de los placeres de su vida privilegiada.
A los dieciséis años se casó con su prima, la princesa Yasodhara.
Los cuatro encuentros que cambiaron su vida
Cuando Siddhartha tenía veintinueve años, decidió salir del palacio para conocer el mundo exterior.
Durante esas salidas se encontró con realidades que nunca había visto antes.
Primero vio a un anciano, debilitado por la edad. Después observó a un enfermo cubierto de llagas. En otra ocasión contempló un cadáver camino de la pira funeraria.
Estas visiones le hicieron comprender que el sufrimiento formaba parte inevitable de la condición humana.
El último encuentro fue con un asceta, un peregrino que había renunciado a los placeres del mundo y cuyo rostro mostraba serenidad. Aquella imagen despertó en Siddhartha el deseo de buscar una solución al sufrimiento humano.
La gran renuncia
Estos episodios llevaron al príncipe a tomar una decisión radical conocida como la gran renuncia.
Una noche abandonó el palacio acompañado únicamente por su auriga Chandaka y su caballo Kanthaka. Cuando se alejó lo suficiente, se despojó de sus ropas y joyas, entregándolas a su acompañante para que regresara al palacio.
Siddhartha decidió iniciar una nueva vida dedicada a encontrar la verdad y la liberación del sufrimiento.
La búsqueda de la iluminación
Durante seis años, Siddhartha vivió como un asceta errante. Practicó duras disciplinas de ayuno y mortificación corporal.
También estudió con maestros espirituales como Alara Kalama y Udaka Ramaputta, aprendiendo técnicas de meditación y control de la mente.
Sin embargo, el ascetismo extremo no le proporcionó las respuestas que buscaba. Su debilitamiento llegó a ser tan grande que estuvo cerca de morir.
En ese momento decidió abandonar esa vía y adoptar un camino basado en la moderación, alejándose tanto del lujo como del ascetismo extremo.
La iluminación bajo el árbol bodhi
Una vez recuperado, Siddhartha se sentó bajo una higuera en Bodh Gaya con el propósito de no levantarse hasta descubrir la verdad última de la existencia.
Allí experimentó la iluminación, comprendiendo que el sufrimiento humano está ligado a la propia existencia y que su eliminación sólo es posible alcanzando el nirvana, un estado de paz en el que desaparecen la ignorancia, el deseo y las pasiones.
Durante siete semanas continuó meditando bajo aquel árbol, que desde entonces se conoce como árbol bodhi, el árbol de la iluminación.
Fue entonces cuando Siddhartha pasó a ser conocido como Buda, «el despierto».
La difusión de sus enseñanzas
Tras alcanzar la iluminación, Buda decidió enseñar a otros el camino que había descubierto.
Sus primeros discípulos fueron los mismos ascetas que lo habían abandonado cuando renunció a la vida ascética. A ellos se sumaron más tarde seguidores laicos y monjes, formando la sangha, la comunidad budista.
Entre los primeros seguidores también se encontraban dos comerciantes, Trapusha y Bhallika, que ofrecieron alimento a Buda mientras meditaba.
La comunidad creció rápidamente. En poco tiempo Buda contaba con decenas de discípulos a los que envió a difundir sus enseñanzas.
Durante cuarenta y cinco años, recorrió la llanura del Ganges, enseñando a quienes buscaban alcanzar la verdad por sí mismos.
Los últimos años y el parinirvana
En sus últimos años, Buda regresó al reino donde había nacido. Su padre, inicialmente decepcionado por su decisión de abandonar la vida de príncipe, terminó convirtiéndose al budismo.
También su hijo Rahula, nacido el mismo día en que Siddhartha decidió abandonar el palacio, se unió a la comunidad budista.
A los ochenta años, Buda se retiró a la localidad de Kushinagara, donde anunció a sus discípulos la proximidad de su muerte.
Según la tradición, enfermó gravemente tras ingerir alimentos en mal estado ofrecidos por un herrero llamado Chunda.
Sabiendo que el final se acercaba, se recostó entre dos árboles de sal y pronunció sus últimas palabras, recordando a sus seguidores que todas las cosas son impermanentes y que debían esforzarse por alcanzar la liberación.
Tras ello alcanzó el parinirvana, la extinción definitiva del ser.