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Nearco: el almirante de Alejandro Magno y la exploración del océano Índico

Nearco fue el almirante de la flota de Alejandro Magno y protagonista de una de las empresas marítimas más arriesgadas del mundo antiguo: la exploración del océano Índico, hasta entonces prácticamente desconocido para los griegos.

El océano como frontera del mundo

Para los griegos de la época, el Océano era tan desconocido y temido como el mar del Norte. Se concebía como una masa de agua que rodeaba la periferia del mundo habitado, más allá del Imperio aqueménida. Su circunnavegación estaba asociada a grandes riesgos e incertidumbres.

En este contexto, Alejandro quiso descifrar los secretos del océano, no solo por curiosidad intelectual, sino también por razones estratégicas: mejorar el acceso a los territorios indios recientemente conquistados y asegurar una futura ruta hacia Arabia mediante el control de las estaciones marítimas.

El inicio de la expedición

En el verano del año 325 a. C., tras alcanzar la desembocadura del río Indo al sur de Patala, Alejandro decidió navegar por los estuarios del Indo hasta el océano. Zarpó con algunos barcos y llegó a una isla cercana, con la intención de internarse en mar abierto hasta perder de vista la costa.

Como había hecho anteriormente al cruzar el Helesponto, Alejandro dedicó un sacrificio a Poseidón, arrojando vasijas de oro al mar, convencido de haber alcanzado simbólicamente el fin del mundo.

La separación de Alejandro y Nearco

Mientras Nearco aguardaba durante casi tres meses los vientos favorables del monzón para iniciar su peligrosa travesía, Alejandro emprendió en septiembre del año 325 a. C. el regreso a Occidente a través del desierto de Gedrosia, una de las regiones más inhóspitas del mundo conocido.

Se trataba de una operación combinada, terrestre y marítima, pero a diferencia de expediciones anteriores, el itinerario elegido resultó extremadamente peligroso. Los conocimientos sobre la navegación del Índico eran deficientes y la ruta terrestre suponía un riesgo incalculable.

La marcha por Gedrosia

Gedrosia era una vasta extensión desértica, despoblada y carente de civilización. Las necesidades logísticas de agua y alimentos eran enormes. Las tropas alcanzaron el río Arabio, mientras el resto de las unidades, bajo el mando de Hefestión, avanzaban para cubrir la vanguardia.

Desde Rambacia, comenzó la marcha por el desierto. Pronto se agotaron las provisiones y durante semanas las columnas avanzaron bajo condiciones climáticas extremas que quebraron la moral. Hombres y animales luchaban por sobrevivir, y los desvíos del itinerario se debieron al desconocimiento absoluto del terreno.

La comunicación con la flota de Nearco quedó completamente interrumpida. Ambos contingentes avanzaban sin rumbo: Nearco a la deriva en el océano Índico y Alejandro con sus tropas entre las dunas del desierto.

La odisea marítima de Nearco

La flota de Nearco sufrió también enormes penalidades. La escasez de agua y alimentos, unida a la desorientación constante, colocó a la expedición al borde del desastre. Solo la constancia de Nearco, que se opuso a la opinión de Onesícrito, partidario de circunnavegar Arabia, permitió mantener el rumbo hacia el golfo Pérsico.

Finalmente, la flota alcanzó el estrecho de Ormuz, cerca del cabo Maceta. Por azar, algunos marineros que se internaron tierra adentro en busca de provisiones descubrieron que el ejército de Alejandro se encontraba a solo unos días de marcha.

El reencuentro

Nearco se presentó de improviso en el campamento del rey al frente de una avanzadilla. Según la tradición, Alejandro se alegró más por la salvación de la flota que por la totalidad de sus conquistas asiáticas.

El reencuentro fue celebrado con sacrificios y juegos atléticos en acción de gracias, poniendo fin a una de las empresas más extremas y arriesgadas de la Antigüedad.

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