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Rómulo: vida del mítico fundador de Roma

¿Quién fue Rómulo?

Rómulo es considerado el fundador de Roma y su primer rey. Según la tradición, junto a su hermano gemelo Remo, protagonizó la leyenda que explica el origen de la ciudad en el siglo VIII a.C. La historia, transmitida por autores como Plutarco, mezcla elementos míticos y tradiciones latinas y griegas.

La fundación de Roma se sitúa tradicionalmente a finales del siglo VIII a.C., con una fecha concreta establecida por Marco Terencio Varrón: el 21 de abril del año 753 a.C. A partir de ese momento, Rómulo pasó a ser el protagonista del nacimiento de una ciudad que con el tiempo se convertiría en la capital del mundo civilizado.

El nacimiento de Rómulo y Remo

La leyenda cuenta que Rómulo y Remo eran hijos de Rea Silvia, hija de Numitor, rey de Alba Longa, una antigua población de los montes Albanos en el Lacio. Numitor fue destronado por su hermano Amulio, quien, para asegurar su poder, eliminó a los hijos varones de su hermano. Rea Silvia, su única hija, fue consagrada como sacerdotisa de la diosa Vesta.

Según la tradición, el dios Marte, versión latina del Ares griego, fue el padre de los gemelos. Otras fuentes sugieren que pudo haber sido el propio Amulio. En cualquier caso, el nacimiento de los niños supuso una amenaza para el usurpador.

El abandono en el Tíber y la loba

Tras el nacimiento de los gemelos, Amulio ordenó que fueran ahogados en el río Tíber. Sin embargo, quien recibió el encargo decidió abandonarlos en una cesta sobre las aguas. La corriente los llevó hasta un lugar donde crecía el Ficus ruminalis, una higuera silvestre consagrada a una divinidad indígena llamada Rumina, protectora de los lactantes.

La leyenda afirma que una loba los amamantó. Poco después, fueron encontrados por el pastor Fáustulo, quien los llevó junto a su esposa, Aca Larentia, para que los criara. Los jóvenes crecieron fuertes, en medio de una comunidad de pastores, comerciantes y agricultores.

Plutarco relata que Numitor, conocedor de la verdad, ayudaba discretamente a sus nietos. Cuando los gemelos alcanzaron la edad adulta, Fáustulo les reveló su origen y quién era su abuelo.

La restitución de Numitor y la decisión de fundar una ciudad

Convertidos ya en líderes de un grupo de seguidores, Rómulo y Remo se enfrentaron a Amulio, a quien quitaron la vida, restituyendo a Numitor en el trono de Alba Longa. Honraron así a su madre y decidieron fundar una ciudad en el lugar donde habían sido amamantados.

Ambos eligieron colinas distintas: Rómulo el Palatino y Remo el Aventino. Incapaces de ponerse de acuerdo, invocaron a los dioses para que manifestaran su voluntad mediante señales. Remo afirmó haber visto seis buitres; Rómulo, doce. Este último, satisfecho con el presagio, trazó con un arado de bronce el surco sagrado o sulcus, que delimitaría la futura ciudad.

Mientras realizaba el rito, de origen etrusco y vinculado a la observación de las aves, Remo cruzó la zanja sagrada. Por este sacrilegio, fue muerto en ese mismo lugar a manos de Rómulo, para castigar la violación del límite y evitar que los dioses permitieran que la muralla fuera nuevamente profanada.

La fundación de Roma en 753 a.C.

Según la tradición, Roma nació el 21 de abril del año 753 a.C. La nueva ciudad atrajo rápidamente a exiliados, aventureros y fugitivos. Rómulo se proclamó su primer rey, organizó el gobierno y estableció las primeras normas.

A quienes eran aptos para las armas los integró en cuerpos militares llamados legiones. Al resto los denominó populus, el pueblo. Además, eligió a cien hombres destacados como consejeros, otorgándoles el título de patricios.

En sus inicios, Roma era un pequeño asentamiento poblado por hombres de orígenes diversos, entre ellos fenicios, etruscos, griegos y latinos. La mayoría eran hombres solos, y la falta de mujeres amenazaba la continuidad de la ciudad.

El rapto de las sabinas

Cuatro meses después de la fundación, ante el abandono de muchos hombres que buscaban compañeras en otros lugares, Rómulo ideó un plan. Anunció el hallazgo de un antiguo dios y organizó grandes juegos en su honor.

Atraídos por el espectáculo, acudieron habitantes de ciudades vecinas, entre ellos numerosos sabinos, un antiguo pueblo ganadero asentado en el valle del Tíber. En medio de los juegos, y a una señal de Rómulo, los romanos desenvainaron sus espadas y raptaron a las jóvenes sabinas.

Los sabinos, encabezados por Acrón, rey de Caenina, intentaron vengarse. Rómulo los derrotó, tomó la ciudad y trasladó a sus habitantes a Roma, otorgándoles los mismos derechos que a los ciudadanos romanos.

Posteriormente, los sabinos, dirigidos por Tito Tacio, lograron tomar la fortaleza romana. La batalla decisiva tuvo lugar en una estrecha llanura entre colinas. Rómulo resultó herido y su ejército estuvo cerca de la derrota.

Fue entonces cuando las sabinas, ya integradas con sus maridos romanos, intervinieron en el campo de batalla para impedir la matanza entre padres y esposos. Gracias a su mediación, se firmó la paz. Se acordó que romanos y sabinos serían llamados quirites, en memoria de Cures, patria de Tito Tacio, y que gobernarían conjuntamente bajo una diarquía encabezada por Rómulo y Tacio.

La consolidación de Roma y las guerras posteriores

Durante el gobierno compartido, el ejército romano alcanzó los seis mil efectivos, se instituyó un Senado y el pueblo se organizó en tres tribus de origen sabino, latino y etrusco, cuyos representantes fueron llamados tribunos.

La diarquía terminó con el asesinato de Tito Tacio por ciudadanos de Laurento, tras un conflicto que Rómulo se negó a castigar. Poco después, Roma y Laurento sufrieron una peste que fue interpretada como castigo divino.

A pesar de la debilidad causada por la plaga, los romanos vencieron a Cameria, trasladando a sus habitantes a Roma. En las décadas siguientes, la ciudad se consolidó y su ejército combatió contra fuerzas etruscas de Medullia y luego contra las de Veyes. Rómulo triunfó en ambas guerras, logrando que los etruscos cedieran tierras al sur del Tíber.

Con el tiempo, el fundador comenzó a comportarse de forma altanera y distante, lo que redujo su popularidad entre los ciudadanos.

Muerte y divinización de Rómulo

La leyenda cuenta que en el año 716 a.C., mientras pasaba revista a su ejército, un eclipse oscureció el cielo acompañado de truenos y huracanes. Cuando la luz regresó, Rómulo había desaparecido. Días después, un patricio aseguró que el rey se le había aparecido para comunicarle que había sido arrebatado por los dioses y llevado al cielo. Desde entonces fue venerado como Quirino, y se erigió en su honor un templo en el Quirinal.

Otra versión sostiene que algunos senadores aprovecharon la tormenta para asesinarlo y despedazar su cuerpo. Rómulo tenía cincuenta y cuatro años. Como su hermano Remo, murió asesinado.

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