Sócrates: el filósofo que cambió Occidente
Sócrates fue una de las figuras más influyentes de la filosofía de la Antigua Grecia. Aunque su aspecto físico distaba del ideal de belleza griego (con ojos saltones, nariz y orejas grandes y una boca ancha) su fuerte personalidad, su ironía y su habilidad para la dialéctica lo convirtieron en un personaje conocido en la Atenas de su tiempo.
Vivió durante el siglo V a.C., una época en la que Atenas alcanzó grandes logros en arquitectura y arte, pero también atravesó guerras, plagas y crisis políticas. En ese contexto, Sócrates desarrolló una forma de pensar y de vivir la filosofía que marcaría profundamente la tradición intelectual occidental.
Orígenes y datos biográficos
La información sobre la vida de Sócrates es limitada. Se sabe que murió en el año 399 a.C., cuando tenía setenta años, por lo que se deduce que nació en Atenas hacia 470 o 469 a.C.
Su padre, Sofronisco, habría sido albañil y escultor, aunque esta afirmación no está plenamente comprobada. Se cree que fue amigo de Arístides el Justo, el estratego que contribuyó a organizar la Liga de Delos. Su madre se llamaba Fenarete y ejercía como partera.
Sócrates estuvo casado con Jantipa y tuvo tres hijos: Lamprocles, Sofronisco y Menexeno.
La mayor parte de lo que se conoce sobre él procede de los escritos de otros autores. Platón lo convirtió en protagonista de muchos de sus diálogos y Jenofonte escribió la Apología de Sócrates. Otros autores de la época, como Aristófanes y Amipsias, lo retrataron en sus comedias. Incluso Aristóteles, que no llegó a conocerlo, escribió sobre su pensamiento.
Un valiente hoplita
En su juventud, Sócrates recibió una educación sólida. Conocía la geometría y la astronomía y participó en diversas campañas militares como hoplita, el ciudadano-soldado típico de las polis griegas.
El general Alcibíades elogió su valentía y resistencia en el campo de batalla. Según su testimonio, durante una expedición militar a Potidea en el año 432 a.C., Sócrates habría caminado descalzo sobre el hielo y salvado la vida de su compañero cuando este se encontraba en peligro.
Otros testimonios también sitúan al filósofo participando en campañas militares entre 441 y 439 a.C.
Sócrates en la vida pública de Atenas
Hacia el año 423 a.C., cuando tenía cuarenta y siete años, Sócrates ya era una figura conocida en Atenas. El comediógrafo Aristófanes lo caricaturizó en su obra Las nubes, donde lo presentaba como un filósofo pobre que caminaba descalzo y enseñaba a defender ideas injustas.
Platón y Jenofonte coinciden en que Sócrates pertenecía al círculo de amigos cercanos de Pericles. En ese entorno se encontraban también Aspasia de Mileto, Alcibíades y Pirilampes.
La imagen más extendida del filósofo lo muestra caminando por las calles de Atenas, vestido con sencillez y rodeado de jóvenes que escuchaban sus preguntas y comentarios. En sus conversaciones solía ridiculizar a quienes presumían de sabiduría, lo que le granjeó más de un enemigo.
Alcibíades cuenta que, cuando reflexionaba profundamente, parecía entrar en trance y permanecía abstraído sin atender a lo que ocurría a su alrededor mientras la gente se reunía a su alrededor esperando algo extraordinario.
Sin embargo, no era un asceta. Aunque evitaba los excesos, aceptaba la hospitalidad de los ricos y participaba en debates con políticos, poetas o artesanos.
El más sabio entre los hombres
Sócrates fue reconocido como un hombre sabio por la sociedad ateniense cuando uno de sus amigos, Querefonte, consultó al oráculo de Apolo en Delfos.
La pitonisa confirmó que Sócrates era el más sabio de los hombres. El filósofo tomó esta respuesta muy en serio e intentó comprender su significado. Para ello habló con personas que se consideraban sabias, intentando descubrir qué sabían realmente.
Tras esas conversaciones llegó a una conclusión: si él era más sabio que otros, era únicamente porque era consciente de su propia ignorancia, mientras que otros, siendo igualmente ignorantes, creían poseer sabiduría.
A partir de ese momento entendió que su misión consistía en ayudar a los atenienses a reconocer su ignorancia y a comprender la importancia del conocimiento para el bien del alma.
Dos expresiones quedaron asociadas para siempre a su pensamiento:
«Conócete a ti mismo», inscripción del templo de Apolo en Delfos.
«Sólo sé que no sé nada».
Sócrates no se consideraba un estudioso de la filosofía: afirmaba que vivía la filosofía.
El método socrático
Para Sócrates, vivir filosóficamente significaba examinar el alma propia y la de los demás para comprender la importancia de las virtudes.
Entre ellas destacaban: el valor, la piedad, la amistad, la fortaleza, la sensatez, la justicia o la templanza
Su método era el diálogo. A través de preguntas, buscaba desenmascarar la falsa sabiduría y conducir a sus interlocutores hacia el pensamiento crítico.
No pretendía convencer ni ofrecer soluciones cerradas. Su intención era enseñar a pensar para que cada persona descubriera la verdad por sí misma. De forma semejante a como su madre ayudaba a las mujeres a dar a luz, Sócrates ayudaba a sus discípulos a “dar a luz” ideas.
Por este motivo algunos lo acusaron de ser un sofista. Sin embargo, su actitud se diferenciaba de la de estos, ya que no cobraba por sus enseñanzas ni enseñaba a engañar.
Su objetivo era principalmente ético: vivir bien significaba evitar el mayor mal, que para él era la injusticia.
Para Sócrates, la felicidad se encontraba en la práctica de la virtud y en la búsqueda de un conocimiento basado en la razón, no en la tradición ni en la costumbre.
Sócrates y la política
Aunque nunca quiso integrarse plenamente en la vida política, en una ocasión (en el año 406 a.C.) fue elegido por sorteo miembro de la Boulé o Consejo de los Quinientos, el órgano de gobierno de la ciudad.
Sócrates no estaba de acuerdo con el sistema de elección por sorteo, ya que prefería que el consejo estuviera formado por los ciudadanos más capaces.
Consideraba más importante dedicarse a la formación de los jóvenes que algún día gobernarían Atenas. Según Platón, Sócrates afirmaba ser uno de los pocos atenienses que practicaban el verdadero arte de la política.
El filósofo también creía que su actividad pública estaba inspirada por la divinidad. Hablaba de una “voz divina”, el daimon, que le indicaba lo que no debía hacer.
Durante el gobierno de los Treinta Tiranos, en el año 404 a.C., se negó a obedecer órdenes injustas, como participar en la detención y condena de algunos ciudadanos atenienses.
La condena de un hombre justo
Cuando tenía setenta años, Sócrates fue llevado ante un tribunal formado por quinientos ciudadanos de Atenas.
Se le acusó de dos delitos principales:
▸ corromper a los jóvenes
▸ no creer en los dioses de la ciudad e introducir nuevas divinidades
La acusación fue redactada por Ánito, un político influyente y adversario de los sofistas. El discurso acusatorio fue leído durante el juicio por el poeta trágico Meleto.
Más de la mitad de los jueces lo declararon culpable. Incluso después de una segunda intervención del filósofo, el número de votos favorables a la condena aumentó.
Sócrates se negó a reconocer su culpabilidad y mantuvo su actitud irónica durante el proceso. Llegó a sugerir que, en lugar de ser castigado, la ciudad debería mantenerlo a costa del erario público por el beneficio que aportaba a la sociedad.
Finalmente fue condenado a muerte.
El filósofo aceptó la sentencia con serenidad y murió rodeado de sus amigos y discípulos, manteniendo hasta el final la dignidad que había caracterizado su vida.